Preguntar «cuántas veces se puede infusionar este té» es habitual, pero difícilmente existe una respuesta válida para todo el mundo. La morfología de las hojas, la cantidad empleada, la temperatura del agua, el tamaño del utensilio y el escurrido completo en cada servicio modifican el sabor de las infusiones posteriores.
Para saber cuántas infusiones admite un té según su propio método, conviene definir de antemano el criterio de finalización: si el aroma sigue siendo nítido, si aún conserva sabor en boca o si la siguiente taza será solo agua caliente con color. Anote cada pase manteniendo el mismo volumen de agua y el mismo utensilio; una vez que las hojas se hayan desplegado, puede ajustar adecuadamente el tiempo de infusión. Esta observación pase a pase es útil para el té de hoja entera; el polvo de matcha se consume directamente en suspensión, por lo que no le es aplicable el cálculo de «infusiones sucesivas de la hoja».
No determine la relación calidad-precio basándose solo en el número de infusiones
Una persona que toma seis infusiones en un gaiwan pequeño y cuatro personas que se reparten una tetera grande de una sola vez no constituyen la misma unidad de consumo. Para calcular costes en hostelería, resulta más fiable basarse en el peso real de té utilizado en cada servicio, los mililitros de bebida obtenida y el perfil de sabor aceptado por el cliente; si se elaboran combinados, deben incluirse además la leche y otros ingredientes.
El número de infusiones indicado en las páginas de producto o en las notas de cata es, como máximo, una referencia empírica obtenida bajo condiciones específicas. Si se cambia de lote, de agua o de utensilio, merece la pena realizar una nueva prueba.
En las comparativas de compras, convertir el «número de infusiones posibles» en volumen de bebida comercializable por cada gramo de té permite incluirlo en la misma tabla de costes frente a las bebidas de matcha o las pirámides de té.
